A don Manuel Fernández (El viejo)
Luena, 22 de octubre de 2010
Aunque dicen que con el paso de los años todo lo cura y que con ello todo se olvida, hay una cosa que las personas nunca olvidan y no es otra que la infancia.
Yo tuve la gran suerte de compartir contigo esa infancia y no la cambiaría por nada del mundo.
Recuerdo como si fuera hoy, cuando me enseñabas a trenzar cuerdas, desgranar maíz o a cuidar los animales, los ratos que pasaba contigo aunque te sacaría del sitio en muchas ocasiones, para mi era mi felicidad. Quisiera que las cosas hubieran sido distintas y haber podido despedirme de ti, como yo lo he deseado y como tu lo hubieras merecido, pero las cosas o la vida a veces no es como nosotros queremos, es como la vida viene.
Ahora me va ha tocar a mi hacer de padre, como tu lo fuiste para mi y aunque tu no estés, mi hijo sabrá de la infancia que yo pase junto a ti, con tus enseñanzas y tu cariño, con esa infancia tan especial que yo viví junto a ti. Siempre te recordare, siempre te querré, nunca te olvidare y que sepas que nunca, nunca me olvide de ti, ni me voy a olvidar. Te quiero, viejo.