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Adiós, amigo Eduardo

Santander, 15 de marzo de 2011

Adiós, amigo Eduardo

Recorriste caminos diversos, emprendiste negocios singulares, una original granja de caracoles, te adentraste en aventuras increíbles por los Alpes, los Andes, los Dolomitas, Marruecos, Bulgaria, con tus esquís de travesía y tu parapente. Participaste en la Trans Rockies de Canadá, en la Trans Carpatia de Polonia y atravesaste en solitario los Pirineos con tu bici de montaña. Exploraste otros mundos en Camboya y Colombia haciendo cicloturismo. A otros lugares como Sudáfrica, EEUU, Sudamérica, Europa fuiste también en busca de emociones Eras siempre el primero de los amigos en investigar, en experimentar sensaciones únicas, en disparar la adrenalina hasta niveles desconocidos y desafiar al peligro tensando el hilo de la vida al máximo, el primero, incluso, en romperlo.

Ese camino quedó detenido y truncado a los 43 años en los Alpes el pasado día 10 de marzo practicando tus dos grandes pasiones, el ski y el parapente. Todo forma parte ya del cielo, ese cielo por el que tantas veces volaste como ser privilegiado. Tú, "diablo", valiente, indomable e irrepetible, coqueteando y jugando con los ángeles, flirteando con la muerte para llenar tu vida. Esa muerte que se presenta de pronto, alimentando y desafiando a la bestia del miedo.

Atrás, amores, viajes, canciones, crepúsculos, madrugadas, infancias felices y amigos.muchos amigos llenando esa inmensa maleta de viajero incombustible y tenaz que te acompañará hasta los cielos inmensos del olvido.

Eduardo, aún con tu muerte nos sigues ayudando a entender la vida, viviendo el presente con lo aprendido en el pasado y ninguneando el futuro, considerándola una alegre aventura corta pero intensa, en la que como tu bien sabías el dolor, en ocasiones, sale inesperadamente al encuentro del viajero con un desgarrador suceso.

Adiós amigo, ahora nos has privado de tus charlas aleccionadoras y locuaces teorías paternales, pero sobre todo de esa carcajada que inundaba cualquier conversación y llenaba los vacíos.

Ya no estarán las montañas rayadas y desvirgadas por tus esquís tras la nevada, sin embargo, tu espíritu libre recorrerá cada rincón de Campoo. Aquí viviste, amaste, reíste y con tu semblante de "diablo" en vida has conseguido tras tu muerte, sin duda, ser un ángel.

Ahora, las lágrimas que nos ahogan alimentarán las flores, que esta primavera, brotarán en las brañas de tus montañas. Y tú, conseguidor de imposibles, te has ido dejándonos tu eterna juventud y a los que tuvimos la suerte de conocerte, tu inolvidable sonrisa.