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Carol

, 5 de octubre de 2014

Cruzó el pasado en el camino

y lo miraba y no podía llorar.

Entre el crepúsculo y el alba

no hizo otra cosa que dejarse llevar.

Y refulgiendo cual luciérnagas,

caminando sin prisa sobre el tiempo,

huyen de un mundo material,

son espíritus barridos por el viento.

Y ahora van

hacia su abstracción,

dales sólo paz y una sonrisa,

cielo abierto y aire para respirar.

Caen las estrellas de su manto,

verdean los campos a un resquicio de luz,

la pradera ahora es su casa,

donde la espiga brota entre la flor.

Si les miente la vida

se hacen parapetos con poemas.

Un día color de melocotón,

cuando todos seamos libres,

cuando las pierdas se puedan comer

y ya nadie sea más que nadie,

canta por mí

si no estoy yo aquí.

Viene el día en que seremos puros

como un cielo de verano sobre el mar.

Cantaré por tí

si no estás tu aquí.

Familia Iglesias Aparicio