En memoria de Joseba Fernández Aizpuru, miembro de la Coral Salvé de Laredo
Cabuérniga, 14 de agosto de 2011
Amigo:
Tenías y nos dejas una lección ceñida a los espacios que no ocupa la norma: tu prudencia en los gestos reconducía tu sueño a fortalecer el proyecto que te comprometía con cuanto te rodeaba. No en vano procedías de dos valles, donde la austeridad cobra impronta: Cabuérniga y Cestona.
Y desde esa ascendencia, tu abrazo fue copando todo aquello con que el humano sueña: amor, amistad.. y al aire que todo ha de envolverlo. Cubierto en dignidad y compromiso.
En realidad, te susurro estas líneas presumiendo dar voz a tus más entrañables: tu mujer y tu madre, tus hijas, tus hermanos; a tu familia entera tan merecedora de ti. Y permíteme que incluya a Sabina, cuyo dolor prolonga la distancia.
Viniste a la Coral Salvé de mi mano, pero no me arrogo en exclusiva tu amistad. Aquí he visto plasmarse todo lo antedicho. Y el vacío que dejas obliga por honorabilidad uno a uno y a todo el colectivo a cantar el repertorio coral del universo para que tenga eco en esa pléyade que tú ya engrosas, junto a tantos ya, compañeros que honran nuestra memoria.
Ya viste cómo ayer se estremecía el mundo con Chopin, en el último abrazo que te empujaba al cielo de la historia.
Allí estábamos todos; los de antes, los de ahora, los de siempre.. y nuestro Blas de Otero:
..."Pero, de pronto en un desmayo íntimo/
en un instante interno, eternizado,/
nace el amor, irrumpe, nos levanta/
nos arroja en el cielo, como un mar"