Gracias, Goyo
Santander, 23 de junio de 2011
El pasado domingo, 19 de junio, falleció Gregorio de la Fuente, Goyo 'Zamoruca', a quien conocí en 1993, cuando entré en la escuela de fútbol municipal. Desde el principio me pareció un hombre muy exigente, dejándose la piel en cada entrenamiento en lo que llamábamos 'la cochiquera', un terreno embarrado con escasa luz en la tapia del complejo que limita con la carretera de La Albericia. Daba igual que lloviera, hiciera frío o calor. «Yo cuando llueve también como, así que a entrenar». Éramos los únicos alumnos de la escuela que entrenábamos cuando jarreaba.
Allí entrenaba con la misma ilusión tanto a los porteros juveniles del Racing que despuntaban como a los que únicamente contábamos con nuestra ilusión. Sin embargo, quería darle las gracias por el mejor consejo que nadie me ha dado nunca, un consejo que no era deportivo, pero que marcó y marcará mi futuro. Yo le comenté en el verano de 1995 que quería dejar de estudiar. Esperó un par de días a que se me pasara el 'calentón' y no me obligó a seguir los estudios porque sí, sino que me argumentó muy inteligentemente porque tenía que seguir estudiando. Gracias a él me matriculé de FP, volví al instituto e ingresé en la Universidad de Cantabria y hasta estudié un año con una beca Erasmus en el extranjero. Gracias a ese consejo tengo la inmensa suerte de tener algo que ahora es un tesoro, un trabajo. Gracias Goyo, por esos argumentos. Gracias Goyo por todo.