Luis Blas Martínez, in memorian
Torrelavega, 10 de febrero de 2009
Desde niño tenía muy claro cuál iba a ser su camino en la vida. Tuvo que enfrentarse a grandes dificultades: enfermedades, desgracias...; pero nada le hizo desviarse del camino que se había trazado.
Siendo joven ayudó a los jóvenes para que se formaran y tuvieran un criterio propio de la vida y pudieran desarrollarse sin caer en manipulaciones. Terminada la carrera que escogió fue destinado a Isla donde desarrolló una labor extraordinaria con los jóvenes y niños del lugar. Allí se dio a conocer como un gran pedagogo dándoles clase con un sistema muy motivador y además les estimulaba regalándoles materiales para el estudio.
Don Luis se dedicó a visitar a los enfermos del hospital de Pedrosa, fue requerido para organizar la catequesis de la diócesis, se dedicó a formar a niños riesgo de la Diputación donde logró que muchos de esos jóvenes que estaban condenados a una vida marginal fueran ocupando un lugar digno en la sociedad, a pesar de las limitaciones de su propia naturaleza.
Don Luis BIas dirigió la Obra Postescolar Santa Lucía donde siguió sembrando sus conocimientos y su buen hacer a los jóvenes que allí estaban.
Se dedicó toda su vida al estudio y a la formación de jóvenes y adultos, convirtiéndose, por sus amplios conocimientos y por su forma de manifestarlos, en una persona a la que se le consultaba para entender lo que se publicaba o para tomar decisiones que la vida te presentaba.
Nos ha dejado un hermoso racimo de poesías de las que es muy difícil escoger por su valía, por su sensibilidad y por la paz que ellas mismas te producen. Por ser la que más he usado en la docencia nombro la poesía titulada «El incendio» que comienza de esta forma tan peculiar: «Santander se me hizo esencia en los crisoles del fuego...» Gracias a ella muchos jóvenes han tenido la oportunidad de memorizar una hermosa poesía en la que se nombran calles del Santander antiguo, que ya no existen, al mismo tiempo que da a conocer esta tragedia.
Don Luis BIas Martínez era admirado por la coherencia de sus convicciones y cómo las aplicó a largo de toda su vida. No hablaba mal de nadie y transmitió siempre la espiritualidad y unidad en la Iglesia.. Fue fiel amante de la Iglesia a la que sirvió en alma y cuerpo.
Don Luis BIas Martínez González, sacerdote de Jesucristo, ha llegado al Padre y ha podido fundirse en un abrazo.