Oteiza, un referente humano
Santander, 10 de febrero de 2008
Querido Doctor Oteiza:
Sólo una cosa más: que estas líneas sirvan para dejar constancia explícita de lo que ha supuesto conocerte.
Me veo en la obligación de encabezar este texto con una afirmación que, en las últimas horas, cuando la pena estremece, no hace sino repetir constantemente alguien que te profesa un profundísimo respeto: «ha muerto un Señor, de los pies a la cabeza»
Eres, ante todo, un referente humano para quienes hemos tenido la fortuna de poder disfrutar de tu educación precisa y exquisita. Un compañero que nos ha mostrado, día tras día, el valor de la constancia. de la prudencia; la necesidad de una entrega sin condiciones en los momentos en que, con nuestro buen hacer, podemos alentar, tal vez mínimamente y de forma casi inapreciable, la vida de aquellos que depositaron su esperanza, su entrega y confianza en nuestras manos; la grandeza de la humildad de quien lo dejó todo demostrado hace ya mucho tiempo; la valentía de quien asume con humana dignidad la certeza de una derrota más temprana que tardía.
Gracias, Doctor Oteiza, por lo que hemos podido compartir contigo; por el tiempo, que para algunos de nosotros no ha sido más que un breve momento; por la sonrisa, casi perpetua en las largas esperas en el quirófano; por la atención hacia los que no somos más que aprendices, por haber conseguido que nos sepamos únicos a pesar de formar parte de ese cajón desastre, en ocasiones caótico y a menudo impersonal, los residentes.
Vamos a mantener vivo tu recuerdo. Ha sido un honor, maestro