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Un laredano comprometido con la abogacía

Laredo, 25 de agosto de 2011

Un laredano comprometido con la abogacía

El pasado día 16 de agosto,el ilustre abogado laredano don José María de Diego y Francisco falleció en Saldaña (Palencia), víctima de un infarto de miocardio. La triste e inesperada noticia de su fallecimiento ha producido a su familia y más allegados, así como en cuantas personas tuvimos la suerte de tratarle un gran sentimiento de pena y dolor, dado que el finado gozaba del general aprecio y cariño, no solamente en la villa de Laredo de donde era oriundo, sino en toda Cantabria y Castilla.

Había nacido en Tarrueza, localidad que está a dos kilómetros de la villa de Laredo, hacía 71 años. Tras haber cursado, como tantos jóvenes cántabros más, los estudios de Derecho por libre que impartiera en Santander el ilustre y recordado magistrado don Aurelio de Llano Garrido. En el año 1966 obtuvo la licenciatura por la Universidad de Oviedo. Tras haber hecho la pasantía en el despacho de Laredo del finado y querido letrado don Dionisio Martín Galache, en fecha 21 de mayo de 1969 se incorporó, como ejerciente, en el Colegio de Abogados de Cantabria, donde ha ejercido la profesión ininterrumpidamente durante cuarenta y dos años. Era considerado un abogado generalista, dado que en su despacho se llevaron prácticamente toda clase de pleitos. Ostentó el cargo de delegado territorial del Colegio de Abogados de Cantabria en el partido judicial de Laredo, hasta su sustitución por el querido amigo y compañero Félix Manuel Alonso Fernández, aunque sus más íntimos amigos bien sabemos que a José María se le consultaba cualquier problema que surgiese en relación con la profesión y de él obtener siempre el sabio y acertado consejo.

El óbito le sobrevino a José María de Diego en Saldaña, a donde como era habitual en él, se había desplazado para practicar el deporte de la caza, del que era un gran aficionado y entendido. José María de Diego lucía su virtud principal y más atractiva: la bondad. Fue un hombre bueno. Esta bondad natural acrisolaba sus otros muchos méritos y dispensaba alegría y bienestar a cuantos compartían vida y afanes con él, su muy querida familia ante todo, pero también sus amigos y compañeros.

El funeral por su eterno descanso se celebró el miércoles, día 17 de agosto, en la iglesia parroquial de Santa María de la Asunción, de Laredo, y tanto a este acto religioso, como al de la inhumación del cadáver en el cementerio de dicha villa, se sumaron varios centenares de personas que de una forma recogida y silenciosa quisieron decir su último adiós al amigo y al abogado prestigioso, que siempre quiso ser lo que fue, abogado, no habiendo aceptado nunca dedicarse a la política, como así le habían ofrecido en varias ocasiones.

Desde estas líneas deseamos reiterar a su distinguida y afligida esposa doña María del Carmen Ontalvilla Montesinos; a sus hijos, Pedro y Carmen y demás aprecida familia; así como a todos sus compañeros, especialmente los laredanos, nuestras más sentidas condolencias, junto con un apretado abrazo.