En memoria de Manuel Riancho, fundador del Festival Internacional de Santander
Torrelavega, 5 de junio de 2009
Santander
El inexorable paso del tiempo nos ha arrebatado a un montañés de pro, no por tan inexplicablemente olvidado menos merecedor de tal olvido. José Manuel Riancho, el buen Manolín Riancho, falleció a finales del pasado mes de mayo en Madrid, donde residía. A las personas de menos de cincuenta años no les sonará de nada ni le asociarán con el más importante acontecimiento cultural de nuestra ciudad desde hace más de medio siglo: el Festival Internacional, que junto con los cursos de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo, hace de Santander la capital cultural de España cada verano. Pero fue Manolo Riancho quien a principio de los años 50 concibió la idea y se arriesgó a organizar un festival que en aquel tiempo podía considerarse una quimera por las penurias y el aislamiento que todavía sufría el país como consecuencia de las guerras civil y mundial.
Las dificultades existentes, de las que la no más pequeña era la falta de un local apropiado, no le arredraron; se aprovecharía la Porticada como teatro al aire libre, aunque la lluvia obligara a suspender alguna función. Ya con esto decidido, y sin duda con fuerte apoyo económico e institucional, empezaron los contactos con orquestas, compañías teatrales y de ballet, éstas con orquesta, no con música "enlatada" como cada vez es más frecuente. El éxito fue evidente: las mejores de España y de muchos países de Europa y América acudieron verano tras verano a actuar en Santander, algunas de ellas con carácter exclusivo, y los llenos en las funciones eran habituales. El Festival Internacional de Teatro, Música y Danza, nombre con el que nació, no tardó en ser admitido como miembro de la Asociación Europea de Festivales por méritos propios.
Durante más de quince años Manolo Riancho, fundador de nuestro Festival, fue también su director, mejorándolo cada edición, pero siempre discreto y huyendo de la publicidad personal; tuvo que dejar el cargo a mediados de los 60 cuando el ministerio de Información y Turismo, del que era funcionario, le destinó a Madrid, donde ya se quedó a residir hasta su fallecimiento, según se dice más atrás. Como decía la cancioncilla que cantaba Julio Iglesias, las obras quedan, la gente se va; otros que vienen las continuarán. La obra de Manolín Riancho sigue ahí al cabo de casi seis décadas, se le recuerde a él o no; magníficamente continuada, por cierto. Gracias Manolo; que Dios te tenga a su lado.