Mariano Arroyo ya está en Cabezón de la Sal
Santander, 22 de julio de 2009
Su pueblo, donde se le esperaba, volviendo de Cuba; pero sólo volvió su cuerpo sin vida, por mano asesina arrebatada.
El pueblo entero se reunió ayer para recibir su cuerpo acuchillado, abarrotando la iglesia parroquial. Allí el obispo de Santander, don Vicente Jiménez rodeado de medio centenar de presbíteros, en presencia de las primeras autoridades de Cantabria y del Ayuntamiento, celebró una misa funeral por su alma.
El Prelado destacó, entre las virtudes del misionero asesinado, su entrega a los más necesitados; el sacerdote don Isidro Hoyos, compañero de misión de don Mariano, emocionó con vigorosas pinceladas sobre la vida de su amigo; un largo aplauso siguió a sus palabras. La comitiva fúnebre, camino del cementerio, avistó El Bardalón, hermoso lugar de la alta pradera que envuelve a la villa, donde Mariano nació.
Mariano Arroyo era cura, teólogo por Comillas, filósofo por la Complutense y misionero de oficio y de corazón. Sirvió a los más pobres en Chile, luego en el barrio de Vallecas, en Madrid, otra vez en Chile y finalmente en la Habana. Fue maestro en el conocimiento del sincretismo religioso afroamericano, pero sobretodo tenía el instinto de que hay que ayudar al pobre, y ese fue el santo y seña de su acción misionera.
Mariano y yo vivimos al mismo tiempo y en el mismo lugar nuestra niñez.
Soy amigo de su familia, recuerdo a su padre, Moisés Arroyo, que era el "Prohombre de la Hermandad de Labradores" ¡Bello título desaparecido!. A distancia vi desarrollarse la especial sensibilidad del niño Mariano, anunciadora de un ser humano distinto y valioso. El verano pasado hablé con él unos minutos en Cabezón de la Sal. Quedamos para otro día, que no llegó. Y bien que lo lamento. Un espíritu refinado en el estudio de la teología, abierto a muchas lecturas y, en contacto, a la vez, con la miseria y la grandeza del ser humano en los ambientes más pobres: esta es la ficha que yo tengo de Mariano, que tanto me hubiera gustado ampliar con el conocimiento del corazón humano que él, sin duda, alcanzó.
Me dijeron ayer que varios concejales han propuesto que se le nombre hijo predilecto de la Villa, a título póstumo. Yo llevo ese galardón con el máximo orgullo desde el año 1988. Y con el mayor entusiasmo me uno a tan justa demanda. Y le pido a la señora alcaldesa que nos convoque a una reunión en la que el vecindario de Cabezón de la Sal, siempre sensible al talento y a la virtud, tenga la oportunidad de conocer mejor la vida y la obra de Mariano Arroyo, que desde hace tiempo pertenece a esa nómina increíble, por su calidad y cantidad, de gente ilustre que ha dado Cabezón de la Sal: Concha Espina, el Padre Gómez, S.J., fundador de la Universidad Pontificia de Comillas, Eugenio Gutiérrez, conde de San Diego, adelantado en la investigación científica de la Ginecología, Matilde de la Torre.