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Nilo Merino, torrelaveguense ilustre

Torrelavega, 6 de enero de 2009

Nilo Merino, torrelaveguense ilustre

Avanzada la tarde, me ha llamado Rafael Cangas Ahedo, una de las voces históricas del canto coralista, para comunicarte la muerte -no por esperada menos dolorosa- de Nilo Merino Campos, brillante abogado, ejemplo de torrelaveguense cien por cien. Compartimos hace poco más de un mes la intervención de la Coral, en Barcenilla de Piélagos, en el homenaje a Mauro Muriedas en el centenario del nacimiento de nuestro gran artista y, a la vez, abanderado de la Sociedad Coral de Torrelavega; no pude verle disfrutar y compartir su pasión contenida en la última intervención de la Coral en la Iglesia de la Asunción, el pasado 22 de diciembre, que cantando la Navidad fue apoteósica y en la que Nilo, como presidente, recordó a un coralista fallecido; vivimos con la Coral -todos con el pensamiento puesto en el Hospital Valdecilla y en su situación clínica- el pasado 29 con motivo del estreno del himno del 75 aniversario del colegio público José María de Pereda. Son, en fin, una parte de los muchos recuerdos que se agolpan en este momento de tristeza para su familia, para sus amigos, para su Coral, un sentimiento de dolor que alcanza a toda la ciudadanía de Torrelavega.

Nilo Merino Campos fue una persona de estilo ponderado y tolerante, valores que siempre conjugó con un gran sentido común, que sin estridencias ha representado uno de los grandes ejemplos de identidad con Torrelavega, una ciudad, la suya, por la que sentía una gran vocación y pasión cívicas sobre la que nada de presente y de futuro le era ajeno. Precisamente por estos valores reconocidos con la ciudad no pudo rechazar la presidencia de la Coral, a cuyo prestigio y elevación ha contribuido estos últimos años.

En su forma de trabajar y construir equipos humanos, Nilo Merino logró que Torrelavega alcanzara el cielo en el baloncesto, pilotando un equipo modesto que fue ensanchando sus ambiciones hasta lograr situarse -y colocar la ciudad- entre las primeras del baloncesto. Su buen hacer, siempre desde el acuerdo y el consenso, logró al frente de sus colaboradores que las instituciones apostaran por aquella etapa de ilusiones deportivas, alcanzando casi un sueño que muchos torrelaveguenses y cántabros vivieron y vibraron en el pabellón Vicente Trueba. Para Nilo no fue un éxito personal; se trataba de un acontecimiento que representaba la aportación de un equipo humano para el prestigio de Torrelavega y un positivo orgullo de los torrelaveguenses.

Participó Nilo Merino en la última Corporación del régimen anterior que presidió Carlos Monje. Consciente de que se trataba de un presente que comenzaba aceleradamente a ser pasado, fue en el Ayuntamiento una referencia de compromiso con lo que estaba por llegar para iniciar una etapa de valores democráticos y de reconciliación.

Alentó la transición democrática y con un grupo de concejales que mantenían unas mismas ideas sobre la España que debía organizarse sobre unas nuevas bases políticas, dejó la Corporación después de votar la petición de amnistía, que era una exigencia esencial en la búsqueda de una positiva reconciliación.

Con la muerte de Nilo Merino los torrelaveguenses perdemos una referencia ejemplar de identidad con la ciudad, cuando aun le quedaban muchas páginas que llenar desde sus compromisos cívicos. Uno de esos compromisos era, además de la Coral, el Grupo Quercus en el que colaboraba con rigor y sabiduría para el debate de las ideas e iniciativas en favor de Torrelavega.

Conociéndole, conscientes de su trabajo eficaz y discreto, estoy seguro que no habría permitido ver su nombre inscrito en un título para el que tenía todos los merecimientos. Ese título, ganado en el trabajo constante y responsable de muchos años, no es otro que el de torrelaveguense ilustre. Con todos los honores y por unanimidad ciudadana.